Un médico curó a un indostano de una severa enfermedad; y cuando lo envió del hospital a su casa le dio una Biblia. Tres años más tarde el misionero visitó la aldea en que vivía aquel que había estado enfermo, y encontró a todos los habitantes adorando al verdadero Dios. Aquella Biblia había sido la única instructora que habían tenido. Muchos casos semejantes han ocurrido en los campos misioneros. ALELUYA!!
12 de noviembre de 2009
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