Mateo 15: 10-11 Entonces, llamando a sí a la multitud, les dijo: -¡Oíd y entended! Lo que entra en la boca no contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. La discusión comenzó por el café, al comenzar la mañana. Estaba amargo, demasiado cargado y muy caliente. No podía tomarlo así. La madre miró a su hija con sorpresa. Jamás había reaccionado así por algo tan insignificante, al menos que pudiera recordar. "Pareciera que preparaste el desayuno con prisa, sin preocuparte porque quedara bien", le recriminó. Guardaron silencio. La mujer estaba sorprendida. La joven, que se aprestaba a salir rumbo a la oficina, estaba muy enfadada. Afuera el día era hermoso. [VER MAS...]
El sol brillaba con intensidad como si dibujara una enorme sonrisa invitando a vivir. "No se por qué discuto", dijo la chica y salió dando un tremendo portazo.La mañana se hizo larga. Excesivamente larga. Monótona. Sin color. Nada tenía sentido. La discusión tampoco. Por primera vez en muchos meses la madre lloró. Lo hizo con sentimiento, dejando en cada lágrima el dolor que le producía una situación así. "¿Cómo cambian los hijos?", razonó para rememorar la niña comprensiva y juguetona que había arrullado en sus brazos y lo diferente que era de la profesional, difícil, rebelde e intolerante que hoy desarrollaba una intensa vida laboral.Media mañana. No quería hacer nada. No sentía ganas siquiera de preparar los alimentos. Sonaba el teléfono. La persistencia del timbre la sacó de sus pensamientos. Respondió con desgano. La joven, al otro lado de la línea hablaba quedamente. "Perdóname, se que me porté groseramente, mamá", se excusó. Esas seis palabras marcaron la diferencia en su jornada. Nuevamente manifestó entusiasmo. Las cosas volvían a la normalidad... Nuestras palabras reflejan lo que somos. Alguien lleno de amargura, lo expresará con sus labios. Igual si está lleno de gozo. Leí hace poco sobre un niño que le preguntó a su padre por qué las carretas tenían diferente sonido. "Depende de la carga", explicó el padre y le dijo que si estaban vacías, hacían mucho más ruido. Igual quienes no tienen sabiduría en su corazón, están vacíos y hacen mucho ruido, hablan con insensatez. Muchos momentos podrían ser agradables, pero los echamos a perder con nuestras palabras. Antes que guardar silencio, hablamos y empeoramos las cosas. Debiéramos callar, porque de lo contrario terminamos ofendiendo a los demás, como advierte el rey Salomón: " La boca del justo producirá sabiduría; Mas la lengua perversa será cortada. 32 Los labios del justo saben hablar lo que agrada; Mas la boca de los impíos habla perversidades." Proverbios 10:31-32. Solamente con el poder de Dios podemos adquirir la prudencia necesaria para callar cuando nuestro interior desea explotar como un volcán que despierta con el paso de los años y quiere sacar toda la lava que guarda dentro, sin importarle qué daños causará. ¡Hoy es el día para comenzar a cambiar con la ayuda de Jesucristo! Amen
Enviado por: Jacqueline Guzmán.-
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