"Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: --Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? --No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces--le contestó Jesús--." (Mateo 18:21, 22). La noche fue cómplice de la muerte. Era una noche muy iluminada por una luna que avasallaba todo, colándose curiosa por entre la silueta que dibujaban las edificaciones. Rolando estaba como de costumbre a pocos metros de la cancha de baloncesto. Era su costumbre y además, parte de su ocupación. Vendía drogas cuando las sombras se apoderaban de la ciudad. Alguien se acercó para pedirle un dinero prestado. "Solo por unas horas", le dijo mientras esgrimía una sonrisa que encerraba por igual cinismo y desesperación."¿No ves que no he venido nada? [VER MAS...]
No tengo nada, salvo unas monedas y las necesito para dar cambio si alguien viniera", le respondió con una dureza que pretendía ser motivo suficiente para que se alejara el inoportuno. Pero no fue así. El hombre sacó un arma y se abalanzó sobre su cuerpo. Sobre el frío pavimento quedó quien por años fuera un buen estudiante hasta que se involucró con las pandillas de Guayaquil.El sepelio fue doloroso para todos. No hay muerto malo, y así como sus hermanos lo calificaron de un ser noble, Rosaura, su madre, dijo a todos en medio de las lágrimas que bañaban su rostro: "Era el mejor hijo del mundo".Días después y por conducto de un compañero de andanzas de Rolando, se enteró de quien era el asesino. Estaba tomando café al caer de la tarde, mirando a través de la ventana sin ningún punto fijo, perdida en la distancia mientras el olor a sal impregnaba el ambiente. El mar estaba embravecido y ella lo único que quería era que el día terminara. "Sabemos quien lo mató y vamos a vengarlo", le dijo el muchacho. La mujer pareció volver de un viaje lejano, se quedó mirándolo y con la ternura de una madre que previene a su hijo de cometer una barbaridad, le dijo: "No lo hagas. Ya le perdoné. No tiene sentido caer en venganzas".Después de horas incansables de llanto y de rememorar a Rolando como si volviera sobre las viejas páginas de álbumes amarillentos, había llegando a la conclusión de que perdonar era el camino que la llevaría a la libertad.¿Ha pensado usted cuánta pesada carga liberaría de sus hombros si tanto solo decidiera perdonar a quien le provocó daño en el pasado o en los momentos recientes? Cada vez que usted odia no hace que traerse más problemas y amargarse preciosos momentos que podrían ser de felicidad.Usted ha sido llamado por Dios a ser libre de toda atadura que le impide avanzar. Una de las más grandes y pesadas cadenas es la del rencor. Estar rememorando el daño que nos provocaron y no mirar hacia delante, las enormes oportunidades que tenemos de vivir otros momentos. La oportunidad de restablecer una relación.Hoy le invito a que medite y piense a quién odia o por quién guarda resentimiento y se disponga a dejarse arrastrar por la fuerza liberadora del perdón que solo JESUS puede ofrecerte.
Enviado Por Jacqueline Guzmán.-
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