“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”. Hechos 16:25-26
Pablo y Silas estaban presos y encadenados, sin esperanza y en vez de deprimirse por la situación que estaban pasando se pusieron a alabar y a glorificar a Dios con todo su corazón.
En momentos de crisis, nuestra tendencia es quejarnos, murmurar, criticar, enjuiciar y cuestionarlo y no lo alabamos ni adoramos porque nuestra alma se aflige y se nos olvida lo que ha hecho por nosotros.
Esta alabanza poderosa hizo que los cimientos de la cárcel se sacudieran y que las puertas y las cadenas se rompieran.
No importa lo que estés pasando, levanta tu voz a los cielos y dile cuánto lo amas, lo necesitas y en un momento oirás cómo todo se estremece a tu alrededor rompiéndose los yugos y las cadenas de opresión que te estaban atando porque Él habita en la alabanza de su pueblo y se hace presente para bendecirte. Alábalo….
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.Salmos
29 de septiembre de 2009
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