
Hay algo muy peculiar de la serie Futurama de Matt Groening: Philip J. Flyd es un joven de los años 80’s que era repartidor de una tienda. Un empleado desmotivado que no le gustaba su trabajo y queda atrapado en una capsula de tiempo por curioso. Mil años después aparece en un mundo totalmente avanzado y ultra moderno, donde conoce a un pariente suyo (el viejito que es científico que es su tátara tátara nieto) a la ciclope Leela y al robot Bender. Ellos desarrollan una trama cómica muy satirizada de situaciones del siglo 20 que no nos son ajenas.
Lo que realmente me llamó a la atención fue el primer capitulo de esa serie norteamericana: Que a pesar de los adelantos tecnológicos y tantos avances en el área científica y de astrofísica, el ser humano estaba relegado a una mente muy primitiva y retrograda, casi rayando en el atraso. Philip quería hacer otro tipo de trabajo, pero una maquina del futuro le decía que “él no daba para otra cosa que para repartidor”. Esa maquina limitaba al gente a una cualidad en particular y Philip no estaba de acuerdo con eso, por lo que lucha para hacer otra cosa por su cuenta. Al final, siguió siendo repartidor, pero feliz porque descubrió que podía divertirse en su trabajo y hacerlo mejor y más divertido: Envíos al espacio exterior.
Muchas veces queremos hacer cosas en la vida, pero encontramos muchas limitantes, las mayores son: Tiempo, dinero y talentos. Que no tenemos tiempo para hacer todas las cosas que queremos. Que no tenemos dinero para realizar el proyecto que deseamos y, finalmente, que no tenemos talento. Nos comparamos mucho con otros: que no tengo el don de fulano, que no canto como fulana, que no soy tan hermoso/a que fulano/a y muchas otros limitaciones.
Podemos tener toda la tecnología que tengamos, pero si no confiamos ni en nosotros mismos, siempre estaremos quejándonos del empleo que no me gusta, de la familia de donde vine, que los amigos que tengo o no tengo y del dinero o la oportunidad que perdí. En las escrituras hebreas hay un grupo de personas que estaban limitadas física, anímica y socialmente: Moisés era tartamudo (libertó a toda una nación). Rahab era una ramera (y ayudó a una nación a conquistar una ciudad y fue descendiente de Jesucristo). Un libertador llamado Jefté, era repudiado porque su madre era prostituta. Gedeón tenía miedo, y fue libertador. David era muy joven para ser rey. Salomón no sabía que hacer con su gobierno. Pedro era pescador, Pablo iracundo y colérico. Napoleón pequeño y Gandhi también. Japón bombardeado. Einstein reprobó un examen de matemáticas y muchos otros personajes que tenían una serie de limitaciones.
Dios nos ha dado capacidades para que comprendamos que no estamos solos y que podemos superar nuestras limitaciones. De hecho, nos recuerda muchas veces que en Cristo estamos completos y plenos, que no nos falta nada. Pero también nos dice que: “Separados de él nada podemos hacer”. No te limites. El mundo está lleno de afanes y necesidades que nunca podremos llenar, pero si nos acercamos confiadamente al trono de su gracia, todo lo podemos en él. Acéptalo, búscalo. Tu futuro está en las manos de Dios, pero solo si tomas la mejor decisión.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13
Lo que realmente me llamó a la atención fue el primer capitulo de esa serie norteamericana: Que a pesar de los adelantos tecnológicos y tantos avances en el área científica y de astrofísica, el ser humano estaba relegado a una mente muy primitiva y retrograda, casi rayando en el atraso. Philip quería hacer otro tipo de trabajo, pero una maquina del futuro le decía que “él no daba para otra cosa que para repartidor”. Esa maquina limitaba al gente a una cualidad en particular y Philip no estaba de acuerdo con eso, por lo que lucha para hacer otra cosa por su cuenta. Al final, siguió siendo repartidor, pero feliz porque descubrió que podía divertirse en su trabajo y hacerlo mejor y más divertido: Envíos al espacio exterior.
Muchas veces queremos hacer cosas en la vida, pero encontramos muchas limitantes, las mayores son: Tiempo, dinero y talentos. Que no tenemos tiempo para hacer todas las cosas que queremos. Que no tenemos dinero para realizar el proyecto que deseamos y, finalmente, que no tenemos talento. Nos comparamos mucho con otros: que no tengo el don de fulano, que no canto como fulana, que no soy tan hermoso/a que fulano/a y muchas otros limitaciones.
Podemos tener toda la tecnología que tengamos, pero si no confiamos ni en nosotros mismos, siempre estaremos quejándonos del empleo que no me gusta, de la familia de donde vine, que los amigos que tengo o no tengo y del dinero o la oportunidad que perdí. En las escrituras hebreas hay un grupo de personas que estaban limitadas física, anímica y socialmente: Moisés era tartamudo (libertó a toda una nación). Rahab era una ramera (y ayudó a una nación a conquistar una ciudad y fue descendiente de Jesucristo). Un libertador llamado Jefté, era repudiado porque su madre era prostituta. Gedeón tenía miedo, y fue libertador. David era muy joven para ser rey. Salomón no sabía que hacer con su gobierno. Pedro era pescador, Pablo iracundo y colérico. Napoleón pequeño y Gandhi también. Japón bombardeado. Einstein reprobó un examen de matemáticas y muchos otros personajes que tenían una serie de limitaciones.
Dios nos ha dado capacidades para que comprendamos que no estamos solos y que podemos superar nuestras limitaciones. De hecho, nos recuerda muchas veces que en Cristo estamos completos y plenos, que no nos falta nada. Pero también nos dice que: “Separados de él nada podemos hacer”. No te limites. El mundo está lleno de afanes y necesidades que nunca podremos llenar, pero si nos acercamos confiadamente al trono de su gracia, todo lo podemos en él. Acéptalo, búscalo. Tu futuro está en las manos de Dios, pero solo si tomas la mejor decisión.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13
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