
Por más bonita o llamativa que sea una camisa o una blusa, y no importando el precio de la misma, a parte de cubrir la necesidad de vestido o de cumplir con ciertas normas sociales, a casi toda camisa se le cae un botón. Grandes o pequeños, de alguna manera se desprende un botón: por gordura, por estar flojo, se le desprendió el hilo. De esa misma manera somos los humanos. A veces creemos que estamos aferrados a lo correcto, pero cuando nos damos cuenta, esa confianza que teníamos en un bien material, en un dinero que nos pagarían o en la confianza de un amigo o amiga que nos traicionó, terminamos “desprendidos” como un botón de camisa.
Jesús lo ilustró con una vid o árbol de uvas. Si la rama se desprende de la vid, no puede dar fruto y se seca. Por más bella, frondosa o fuerte que sea la rama, si se desprende de la vid, no puede dar uvas. Debemos estar tan aferrados a Dios que a pesar de que estemos “secos” por las dificultades o problemas en la vida, demos fruto en abundancia. Pero esto lo logramos no creyendo que somos los mejores, sino que nos aferremos al mejor: Jesucristo.
No te desprendas como un botón ¡! Aferrate a Cristo ¡
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él,
éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:5
Jesús lo ilustró con una vid o árbol de uvas. Si la rama se desprende de la vid, no puede dar fruto y se seca. Por más bella, frondosa o fuerte que sea la rama, si se desprende de la vid, no puede dar uvas. Debemos estar tan aferrados a Dios que a pesar de que estemos “secos” por las dificultades o problemas en la vida, demos fruto en abundancia. Pero esto lo logramos no creyendo que somos los mejores, sino que nos aferremos al mejor: Jesucristo.
No te desprendas como un botón ¡! Aferrate a Cristo ¡
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él,
éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:5
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