Por: Ivo RijoLa palabra “excelencia” viene del latín, Exelentia-ae, de ex y cella del indoeropeo kel, en griego kelo (keao). Lugar oculto o escondido, bodega, de ahí derivó la palabra castellana celda.
Bien, entoces Ex – cellentia, significa salir de lo oculto, sótano, lugar oscuro, carcel, y así pasó a significar superioridad, grandeza, elevarse. De esta palabra surgió el nombre del programa Excel, porque este tiene la capacidad de que permite salirnos de las celdas cuando escribimos en el (http://etimologias.dechile.net).
Excel es una palabra compuesta: Ex = salir fuera de. Y cel = lugar oculto, lugar oscuro, sótano, celda, cárcel. La Biblia dice: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Jn. 8:32. Pero ¿Libres de qué o salir de qué cárcel? La verdad nos liberta de la cárcel de la mentira y la ignorancia (Is. 5:13). El conocimiento del la verdad puede, incluso, librarnos de la muerte (Os. 4:6 Versión Nácar Colunga). La verdad nos hace libres de la cárcel de los viejos paradigmas y estructuras de pensamiento desfasados que se han erigido como una fortaleza mental, y que nos impiden salir del sótano oscuro de la mediocridad.
Me surge ilustrar esto pensando en una joven que esté trabajando como asistente ejecutiva en una empresa, y luego de un tiempo se da cuenta de que el procedimiento tradicionalmente utilizado en la empresa para realizar ciertos procesos administrativos ya está un tanto deficiente. Ella, en vez de resignarse y repetir lo que los demás le contestan cuando ella les pegunta al respecto “siempre lo hemos hecho así”, diseña un nuevo procedimiento al modificar el antiguo, lo redacta en un documento y se lo plantea a su jefe. Este, luego de estudiarlo, lo aprueba y exclama: “esta empleada es verdaderamente excelente”. Esto es excelencia, una actitud mental que te impulsa a resistir la conformidad a lo que puede ser mejorado.
La excelencia produce riquezas, porque Dios bendice la mano del diligente y empobrece la del negligente (Pr. 10:4). La pereza es la madre de todos los vicios y la enemiga principal de la excelencia. Las personas exitosas escogen hacer lo que odian para crear lo que aman, esto es, cumplir sus sueños y metas. Excelencia no es perfección sino hacer lo mejor que se pueda con lo poco que tenemos disponible.
La excelencia despierta envidia: “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.” Ec. 4.4. La envidia que despierte en otros la excelencia con que hacemos nuestro trabajo secular y el servicio de amor que ofrecemos a Dios en la Iglesia, no debe obstaculizar que continuemos en la búsqueda constante de hacer las cosas desarrollando todo nuestro potencial y recursos diponibles, sin perder tiempo en buscar excusas y razones para demostrar que algo no se puede hacer; sino más bien diciendo: “TODO lo puedo EN Cristo que me fortalece” Fil. 4:13.
Ivo A. Rijo Cedeño
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