Por: Leandro E. Ferreras
Cuando vamos al mercado o al súper, por lo general, y dependiendo de nuestro nivel adquisitivo, pensamos “en grande” a la hora de adquirir nuestros productos: El pescado más grande, la manzana grande, las papas grandes, las mejores verduras y grandes, en fin, queremos lo más grande y lo mejor. No es extraño pensar así: Nos han condicionado para tener lo mejor y lo más grande. Cuando elegíamos en los juegos de la escuela o de nuestro sector residencial (barrio) a los jugadores, por lo general los chicos o chicas más grandes en estatura eran los primeros en ser elegido. Si eras pequeño y rápido corrías buena suerte.
Sin embargo, esa forma de pensar que de por si no es mala, pues debemos anhelar lo mejor, nos ha llevado a catalogar a las personas en pequeñas y grandes: El mejor empleado, el mejor esposo, el mejor estudiante, el hombre o mujer del año, el jugador más valioso. Pero no le hemos sabido dar el valor correspondiente: Muchas veces el hombre del año es un político corrupto, o un depravado, o uno que ha roto todas las leyes, pero como tiene una empresa grande o mucho dinero es Don Fulano, el empresario del año. Y si por casualidad de la vida cae en desgracia, es un delincuente.
Debemos ser grandes y mejores, pero esa grandeza y mejoría está determinada por varias razones y una de las primeras es “nuestra relación con Dios y nuestro prójimo” De la manera que tratamos a los demás, dependerá nuestra buena salud social y espiritual. También está nuestra humildad para aceptar nuestros errores. El celuloide se ha encargado de hacer todo lo contrario: Es el otro que debe honrarme, no yo ¡! Sin embargo, el éxito va de la mano con lo que hacemos con los frutos espirituales.
Recuerda, eres grande porque tu Creador es Grande. Y envió a su hijo, el cual “se humillo hasta lo sumo” para que nosotros recibiéramos la vida eterna en Él. Dios te bendiga.
Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos Poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30 Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 32 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. I Corintios 1:27-32
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