1 de mayo de 2011

El Antídoto en Su Sangre


Por: Leandro Ferreras
Existen historias interesantes sobre remedios o antídotos contra picaduras de serpientes venenosas y otras sobre portadores sanos de alguna enfermedad. Un caso conocido por los historiadores es el de una mujer que apodó “Mary Tifoidea”. Su verdadero nombre era Mary Mallon, era cocinera en Nueva York (1906 – 1907), un trabajo que en esa época era bien remunerado. Sin embargo, y a pesar de sus dotes culinarias, tuvo que cambiar por lo menos en 7 ocasiones de trabajo, la razón? Que donde ella trabajaba la gente se enfermaba de tifoidea. Se dice que contaminaba, sin saberlo, a las personas que ingerían los alimentos que ella preparaba. El resultado: más de 1,800 personas contagiadas por la comida de Mary. Al final, tuvo que ser aislada de la población. 

En otros casos, los mordidos por serpientes venenosas, si salvan sus vidas, su sangre desarrolla una antitoxina que sirve como antídoto contra el veneno de serpientes. En Australia y en otras zonas donde existen desiertos, por lo general hay personas que su sangre es el antídoto perfecto de tal forma que si son mordidos nuevamente, el veneno no les afecta ¡De hecho, en África, específicamente en Nigeria, donde al menos 150,000 africanos son mordidos por tres (3) diferentes tipos de serpientes venenosas, se desarrolló un antídoto a partir del mismo veneno de las serpientes. Este veneno lo hacen polvo y lo inyectan ¡a caballos ¡ para que parte de la sangre de caballo que genera anticuerpos se utilice como antídoto. 
Que interesante es la historia y la ciencia ¡! Pero lo que es más interesante es el mensaje que nos dejan estos casos. Así como Mary Mallon, existen muchas personas que son portadores “sanos” de enfermedades que contagian a otras sin saberlo. Pero lo peor, existen muchas (sino todos) personas que llevan una enfermedad que no les mata de inmediato, pero que deja una secuela eterna de consecuencias: La enfermedad del pecado. Tan extendida y mortal que sin dudas, todos sabemos cuál es la cura, pero como preferimos seguir en nuestros vicios y maldades la ignoramos.

Afortunadamente, Jesucristo el Hijo de Dios, ofreció literalmente (y espiritualmente)  su sangre para que la misma sea el antídoto perfecto para sanarnos de todo mal. Un antídoto que no solo cura las enfermedades del cuerpo, sino también las del alma y “limpiarnos de toda maldad”. Tú también puedes ser portador de la Gloria de Dios por medio a Jesucristo.

(Jesús) quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuimos sanados.
1ra Pedro 2: 24

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