Por: Deivy Sánchez
Cuando entren
en el tabernáculo de reunión, se lavarán
con agua, para que no mueran; y cuando se acerquen al altar para
ministrar, para quemar la ofrenda
encendida para Jehová, Se lavarán las
manos y los pies, para que no
mueran. Y lo tendrán por estatuto
perpetuo él y su descendencia por sus generaciones. Éxodo 30:20-21.
El texto nos
traslada al tabernáculo de Moisés, primeramente en el Atrio estaba el altar del
holocausto, luego de ofrecer el sacrificio y la sangre derramada, el sacerdote tenía
que continuar hacia el lugar santo pero antes este debía lavar sus manos y sus
pies en la fuente de lavacro además que podía contemplar el aspecto de su
rostro lavado en el reflejo del contenido cristalino de su interior, esto nos
habla de que no podemos engañar a Dios.
En el Altar del holocausto se recibe la salvación, pero
luego viene la separación, la santificación del que ya es salvo, apartarse de
las cosas antigua, decisión.
El ministerio del lavacro nos señala el propósito de la palabra de Dios en nuestras vidas, habla de esa limpieza que viene cuando la palabra expone áreas de nuestras vidas que no están conforme al estándar de Dios. El lavamiento del agua por la palabra de Dios (efesios 5:26).
Es aquí donde nuestro pequeño héroe escogido llamado
Gizmo (un Gremlin), cuando era tocado al menos por una gota de agua, una
naturaleza contraria a su voluntad despertaba desde su interior repudiando el carácter
humilde que él había decido tomar, por lo tanto; creando esto una guerra
interior entre hacer lo licito o ilícito.
El agua tipifica la palabra de Dios, es la palabra
purificadora que descubre un cada vez más las intenciones de aquel viejo hombre
que descansa en nosotros y que desea apropiarse de nuestra vida y carácter.
Los sacerdotes entregaban el sacrificio y luego debían limpiarse
para presentarse delante del Señor. Hoy día tu y yo no tenemos que sacrificar ningún
becerro y derramar sangre ajena, en Cristo fue hecho una y vez y por todas,
pero debemos entregar un sacrificio vivo cada día, como maderas vivas somos
echados al fuego de la vida donde nuestro carácter es consumido por ese fuego
que puede ser devastador o restauración.
Después de cada lucha como soldado de Cristo en la vida,
depende de nosotros al menos acudir a una gota de texto líquido de Dios para
lavarnos como sacerdotes que deseamos ministrar su palabra.
Sucede que Gizmo mientras más agua le cubría, mas su
naturaleza interior le repudiaba hasta manifestarse físicamente en su propia
contra. De su debilidad nuestro pequeño héroe decide enfrentarse con su más
grande enemigo, su propio yo y acude a un plan estratégico al que llamo: el
nuevo baño.
Rápidamente esa naturaleza se propago en otros Gremlin
donde él tuvo que tomar una decisión difícil, enfrentarlos con la única cosa
que los podía hacer recapacitar o morir en su propia perdición, el ultimo baño;
todos fueron congregados astutamente pero estos estaban dispuestos a continuar
en su mal camino rápidamente mientras una gran ducha de agua se lanza hacia este
gremio de Gremlins un rayo de luz que viene desde lo alto envuelve cada naturaleza
pecaminosa hasta su final.
Al igual que Gizmo, tenemos esa lucha interior que muchas
veces detestamos verla reflejada, al ver el reflejo de nuestra verdadera imagen en la biblia así como lo hacía el
sacerdote en la fuente de lavacro, pero una cosa es estar avisado para encarar
la situación y otra es ser sorprendido en ignorancia o por negligencia
personal.
Fuimos
llamados a ser sacerdotes de Dios, y como responsabilidad debemos procurar
lavarnos cada día con las aguas de su espíritu que se encuentra en la palabra
de Dios, esto en práctica será la única garantía de poder estar en su presencia
aplastando el viejo hombre que habita en nosotros.
Dios
te bendiga!



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