La soberbia es algo insidioso. Infecta todo lo que toca. Se filtra en el torrente sanguíneo de la gratitud, del reconocimiento, de la eficiencia, de la posición social o religiosa, y luego contamina lentamente la humildad, inyectando en su lugar fuertes dosis de arrogancia, hasta que sus víctimas empiezan a creer que son mejores que otros, y que por lo tanto merecen consideración especial.Esta enfermedad resulta particularmente mortífera cuando se manifiesta en los cristianos. Indispone a los creyentes unos contra otros, destruyendo la unidad de la iglesia. Hace que los incrédulos se alejen de Dios escandalizados, por cuanto ven que se pone de manifiesto en los cristianos lo que incluso ellos mismos reconocen como rivalidades mezquinas, prioridades equivocadas, traiciones y soberbia hueca.Hayford, J. W. -
Santiago 4:6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
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