Por: Deivy Sánchez
La gloria que me
diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Juan 17:22
Lo vil y menospreciado escogió Dios para avergonzar al
mundo. El Rey y Dueño del universo hace su entrada triunfal a Jerusalén
montando una burrita, Jesús no escogió un BMW o un CADILLAC último modelo, más
bien tomo el instrumento más vil de su entorno haciendo reposar encima, la
misma Gloria de Dios.
Cuando Jesús hace el llamado por medio de sus discípulos al
instrumento escogido, aquel que tenía potestad sobre la burrita y el pollino tan
solo cede y a la vez tanto la burrita como el pollino son vestidos sobre sus
lomos por un manto que los discípulos colocan lo cual tipifica: cuando Dios
llama el té reviste y te respalda con su autoridad, Él pone nuevos vestidos que
identifican nuestra naturaleza como portadores de su gloria.
Impactante su entrada, las personas reconocen a Jesús a
pesar de la humilde manera de transporte, la reverencia y el respeto al Rey de Reyes
era expresado por muchos, y obviamente los más religiosos criticaban su caminar, los cuales no le detuvieron.



